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domingo, 9 de mayo de 2010

El imperio del consumo . Eduardo Galeano.

El sistema habla en nombre de todos, a todos dirige sus imperiosas órdenes de consumo, entre todos difunde la fiebre compradora; pero ni modo: para casi todos esta aventura comienza y termina en la pantalla del televisor. La mayoría, que se endeuda para tener cosas, termina teniendo nada más que deudas para pagar deudas que generan nuevas deudas, y acaba consumiendo fantasías que a veces materializa delinquiendo.

                                                        El jardín de las delicias. El Bosco.


La explosión del consumo en el mundo actual mete más ruido que todas las guerras y arma más alboroto que todos los carnavales. Como dice un viejo proverbio turco, quien bebe a cuenta, se emborracha el doble. La parranda aturde y nubla la mirada; esta gran borrachera universal parece no tener límites en el tiempo ni en el espacio. 
Pero la cultura de consumo suena mucho, como el tambor, porque está vacía; y a la hora de la verdad, cuando el estrépito cesa y se acaba la fiesta, el borracho despierta, solo, acompañado por su sombra y por los platos rotos que debe pagar. La expansión de la demanda choca con las fronteras que le impone el mismo sistema que la genera. El sistema necesita mercados cada vez más abiertos y más amplios, como los pulmones necesitan el aire, y a la vez necesita que anden por los suelos, como andan, los precios de las materias primas y de la fuerza humana de trabajo. El sistema habla en nombre de todos, a todos dirige sus imperiosas órdenes de consumo, entre todos difunde la fiebre compradora; pero ni modo: para casi todos esta aventura comienza y termina en la pantalla del televisor. La mayoría, que se endeuda para tener cosas, termina teniendo nada más que deudas para pagar deudas que generan nuevas deudas, y acaba consumiendo fantasías que a veces materializa delinquiendo.
El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser la libertad de todos. Dime cuánto consumes y te diré cuánto vales. Esta civilización no deja dormir a las flores, ni a las gallinas, ni a la gente. En los invernaderos, las flores están sometidas a luz continua, para que crezcan más rápido. En la fábricas de huevos, las gallinas también tienen prohibida la noche. Y la gente está condenada al insomnio, por la ansiedad de comprar y la angustia de pagar. Este modo de vida no es muy bueno para la gente, pero es muy bueno para la industria farmacéutica. EEUU consume la mitad de los sedantes, ansiolíticos y demás drogas químicas que se venden legalmente en el mundo, y más de la mitad de las drogas prohibidas que se venden ilegalmente, lo que no es moco de pavo si se tiene en cuenta que EEUU apenas suma el cinco por ciento de la población mundial.
(…)
Triunfa la basura disfrazada de comida: esta industria está conquistando los paladares del mundo y está haciendo trizas las tradiciones de la cocina local. Las costumbres del buen comer, que vienen de lejos, tienen, en algunos países, miles de años de refinamiento y diversidad, y son un patrimonio colectivo que de alguna manera está en los fogones de todos y no sólo en la mesa de los ricos. Esas tradiciones, esas señas de identidad cultural, esas fiestas de la vida, están siendo apabulladas, de manera fulminante, por la imposición del saber químico y único: la globalización de la hamburguesa, la dictadura de la fast food. La plastificación de la comida en escala mundial, obra de McDonald's, Burger King y otras fábricas, viola exitosamente el derecho a la autodeterminación de la cocina: sagrado derecho, porque en la boca tiene el alma una de sus puertas.  

(…)
Las masas consumidoras reciben órdenes en un idioma universal: la publicidad ha logrado lo que el esperanto quiso y no pudo. Cualquiera entiende, en cualquier lugar, los mensajes que el televisor transmite. En el último cuarto de siglo, los gastos de publicidad se han duplicado en el mundo. Gracias a ellos, los niños pobres toman cada vez más Coca-Cola y cada vez menos leche, y el tiempo de ocio se va haciendo tiempo de consumo obligatorio. Tiempo libre, tiempo prisionero: las casas muy pobres no tienen cama, pero tienen televisor, y el televisor tiene la palabra. Comprado a plazos, ese animalito prueba la vocación democrática del progreso: a nadie escucha, pero habla para todos. Pobres y ricos conocen, así, las virtudes de los automóviles último modelo, y pobres y ricos se enteran de las ventajosas tasas de interés que tal o cual banco ofrece. Los expertos saben convertir a las mercancías en mágicos conjuntos contra la soledad. Las cosas tienen atributos humanos: acarician, acompañan, comprenden, ayudan, el perfume te besa y el auto es el amigo que nunca falla. La cultura del consumo ha hecho de la soledad el más lucrativo de los mercados. Los agujeros del pecho se llenan atiborrándolos de cosas, o soñando con hacerlo. Y las cosas no solamente pueden abrazar: ellas también pueden ser símbolos de ascenso social, salvoconductos para atravesar las aduanas de la sociedad de clases, llaves que abren las puertas prohibidas. Cuanto más exclusivas, mejor: las cosas te eligen y te salvan del anonimato multitudinario. 

(…) 
El shopping center, o shopping mall, vidriera de todas las vidrieras, impone su presencia avasallante. Las multitudes acuden, en peregrinación, a este templo mayor de las misas del consumo. La mayoría de los devotos contempla, en éxtasis, las cosas que sus bolsillos no pueden pagar, mientras la minoría compradora se somete al bombardeo de la oferta incesante y extenuante. El gentío, que sube y baja por las escaleras mecánicas, viaja por el mundo: los maniquíes visten como en Milán o París y las máquinas suenan como en Chicago, y para ver y oír no es preciso pagar pasaje. Los turistas venidos de los pueblos del interior, o de las ciudades que aún no han merecido estas bendiciones de la felicidad moderna, posan para la foto, al pie de las marcas internacionales más famosas, como antes posaban al pie de la estatua del prócer en la plaza.
Los dueños del mundo usan al mundo como si fuera descartable: una mercancía de vida efímera, que se agota como se agotan, a poco de nacer, las imágenes que dispara la ametralladora de la televisión y las modas y los ídolos que la publicidad lanza, sin tregua, al mercado. Pero, ¿a qué otro mundo vamos a mudarnos? ¿Estamos todos obligados a creernos el cuento de que Dios ha vendido el planeta unas cuantas empresas, porque estando de mal humor decidió privatizar el universo? La sociedad de consumo es una trampa cazabobos. Los que tienen la manija simulan ignorarlo, pero cualquiera que tenga ojos en la cara puede ver que la gran mayoría de la gente consume poco, poquito y nada necesariamente, para garantizar la existencia de la poca naturaleza que nos queda. La injusticia social no es un error a corregir, ni un defecto a superar: es una necesidad esencial. No hay naturaleza capaz de alimentar a un shopping center del tamaño del planeta.



Eduardo Galeano
Montevideo, Uruguay
Para leer la nota completa: El Imperio del consumo

sábado, 24 de abril de 2010

Alimentos transgénicos1

Tal vez deba volver a la poesía, no abandoné el gusto por la lectura y no perdí la emoción que los relatos de un buen autor me genera.
Tal vez el nieto o la nieta que llega en noviembre me esté reclamando ayuda para vivir en este mundo tan bello, al cual el poder se empeña en destruir...

 La cuna de Berthe Morisot (1841-1895) .
Informe sobre las graves consecuencias en el consumo humano de los alimentos modificados genéticamente.

jueves, 22 de abril de 2010

La Historia del Cap and Trade - Subtitulos en Español

 
En la historia de Cap & Trade  Annie Leonard introduce la energía y los operadores financieros de Wall Street en el corazón de este sistema y revela  los "detalles" en las propuestas actuales de comercio: las licencias a los grandes contaminadores, compensaciones falsas y distracción sobre lo que es realmente necesario hacer para enfrentar el cambio climático

miércoles, 21 de abril de 2010

Cumbre Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra

Amigos, no pude dejar de postear esta noticia, en breve ordenaré mis tiempos y regresaré a visitarlos, un abrazo!

Un centenar de naciones participan, en la localidad boliviana de Tiquipaya, de la Cumbre Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, planteada como alternativa a la fracasada cumbre de Copenhague. Emitida por Visión Siete, noticiero de la TV Pública argentina, el miércoles 21 de abril de 2010. http://www.tvpublica.com.ar

sábado, 19 de diciembre de 2009

Todos quedaron calientes por el calentamiento.

Nada de metas para bajar las emisiones contaminantes. Ni siquiera la foto conjunta de los presidentes. En la Cumbre de la ONU sólo hubo un compromiso de buenas intenciones de esos países. En la madrugada danesa, se puso a consideración del plenario.




El acuerdo internacional para evitar los perjuicios del calentamiento global, de cumplimiento obligatorio, que abarque a todas las naciones del planeta y producto del consenso tendrá que esperar y no está claro cuánto. La Cumbre de Cambio Climático de Naciones Unidas terminó sin un pronunciamiento colectivo que comprometiera eficazmente a resguardar lo que queda de la atmósfera sin contaminar. Desde este punto de vista, fue un fracaso sin vueltas. Pero el encuentro danés alumbró un nuevo esquema de poder en el mundo que consagra a los países subdesarrollados emergentes como interlocutores ineludibles del mundo rico. Casi a última hora de un día intenso y de negociaciones febriles entre los principales líderes del planeta, Barack Obama anunció que había cerrado un pacto con China, India, Sudáfrica y Brasil, aunque admitió que es “insuficiente” para solucionar los problemas del efecto invernadero. Se trata, básicamente, de una declaración de principios más que de un texto cerrado: plantea impedir que el incremento de la temperatura supere los 2 grados y prevé otorgar un auxilio financiero a las naciones subdesarrolladas. El recorte de emisiones en el corto plazo queda como una meta a definir, posiblemente para después de las fiestas de fin de año. Por ahora, vagas promesas que están lejos de garantizar un recorte efectivo e inmediato de las emisiones de carbono. Nadie está satisfecho y los bloques de los ricos y de los pobres, fragmentados. Antes de la partida de los presidentes, ni siquiera hubo la clásica foto conjunta.

Sudán cuestionó ese trabajoso acuerdo, mostrando una fisura en el G-77, al que también pertenecen China, India, Sudáfrica y Brasil, países con los que Estados Unidos tuvo que entenderse para que pudiera generarse algo que anunciar, aunque fuera de modo tardío y sin respetar estrictamente los procedimientos regulares. Los europeos dudaron bastante en sumarse públicamente a ese esbozo de pacto y muy a último momento salieron a avalar a regañadientes ese principio de acuerdo.

“Es mejor un acuerdo que ningún acuerdo, pero hubiésemos preferido algo con un mayor nivel de ambición”, sostuvieron sus portavoces, en una muy tardía y postergada conferencia de prensa, cerca de las 3 de la madrugada danesa. Allí mismo suscribieron que el Viejo Continente mantiene su propósito de disminuir las emisiones un 20 por ciento respecto de 1990 para el año 2020, aunque dejaron en claro que ellos hubiesen estado dispuestos a llegar al 30 si hubiese habido un compromiso diferente por parte de las otras naciones ricas.

A ese acuerdo marco aludió el presidente de los Estados Unidos en una conferencia ante la prensa norteamericana a primera hora de la noche, cuya letra precisa a altas horas de la madrugada aún no se conocía formalmente. Cuando ocurrió la segunda aparición pública de Obama en el día, poco antes de abandonar Dinamarca, todavía faltaban horas para clausurar un día demasiado extenso.

Cerca de las 9 de la mañana, el eficiente transporte público en Copenhague se paralizó por unos minutos. Una medida de seguridad para permitir que el presidente de los Estados Unidos pudiera trasladarse desde el aeropuerto de Kastrup al Centro de Convenciones, donde lo esperaban otros jefes de Estado para definir un posible documento común. Hubo nieve y mucha expectativa pero, definitivamente, Barack Obama no resultó ser el Papá Noel que algunos pensaban.

En un discurso público al mediodía, cuando el debate entre los presidentes era un hervidero, el jefe de la Casa Blanca planteó que el conjunto de naciones desarrolladas podría auxiliar al resto con un aporte de 30 mil millones de dólares de aquí a 2012, monto que treparía a 100 mil millones anuales a partir de 2020, aunque esos recursos serían sólo parcialmente aportes de los tesoros de las naciones ricas. Peor aún. Ese aporte, sugirió, estaba condicionado a la posibilidad de monitorear lo que hace cada uno para proteger el ambiente y cómo gastan el dinero de la ayuda.

“Cuidado con la intervención. La experiencia con el Fondo Monetario y el Banco Mundial en nuestras economías no es recomendable”, había advertido minutos antes Inácio Lula da Silva en un encendido discurso que arrancó aplausos en varios tramos. El presidente de Brasil, inmediato antecesor en los discursos a Obama, salió a cuestionar los términos de un borrador que contenía esa idea de control y que le había encendido el ánimo desde la madrugada. “No violará sus soberanías. Pero debe haber un mecanismo para revisar si se están cumpliendo las promesas”, intentó tranquilizar el presidente de los Estados Unidos.

Fue un día largo, de excesiva adrenalina. La reunión de mandatarios empezó el jueves por la noche después de la cena en el Palacio Real, en parte promovida por la urgencia de Nicolas Sarkozy. Algo más de veinte jefes de Estado estuvieron trabajando hasta la madrugada de ayer, en la que apareció el primero de los varios documentos de trabajo, puesto sobre la mesa por la presidencia de la Cumbre, a cargo de los daneses. Algo que vulnera la dinámica normal de esta Convención, tal como salieron a denunciar por la mañana Hugo Chávez y Evo Morales, también excluidos del limitado listado de oradores del mediodía. Sólo las protestas del presidente venezolano le permitieron finalmente ganar un lugar en el estrado antes de abandonar la Cumbre (ver aparte).

Ese documento de trabajo promovido por los daneses con presunto ánimo de consenso eximía a los países subdesarrollados de obligarse a hacer emisiones y preveía que el dinero de un fondo para impulsar la economía verde fuese manejado por un órgano de Naciones Unidas (no el Banco Mundial ni otro organismo multilateral), a integrar en mitades por representantes de los ricos y de los pobres. Los anzuelos no resultaban suficientes. No sólo no había ningún compromiso de las naciones desarrolladas de limitar sus emisiones, sino que se preveía sujetar a los países a la revisión que tanto irritó a Lula.

Finalmente, las necesidades de sus propias políticas internas llevaron a estadounidenses y europeos a propiciar algún principio de acuerdo que sus electores, de creciente conciencia verde, anhelan más que los ciudadanos de cualquier país del ahora fisurado G-77. “Yo gané las elecciones prometiendo desayuno, almuerzo y cena”, precisó ayer Lula, en alusión a las verdaderas urgencias de su electorado.

Por Cledis Candelaresi

Fuente: www.pagina12.com.ar

jueves, 10 de diciembre de 2009

El día en que salvamos la Tierra. Es nuestra responsabilidad


Esta es una iniciativa de Genín del Blog: Mi herencia,  para tomar medidas como ciudadanos del mundo en defensa de nuestro planeta en grave peligro. Yo adhiero al texto siguiente e invito a los lectores que estén de acuerdo a divulgarlo para expandir rápidamente la propuesta.

7 al 18 de de diciembre en Copenhague (Dinamarca) 15ª Conferencia de las Partes de la Convención de la ONU sobre Cambio Climático (COP15)
Nosotros, ciudadanos del mundo, manifestamos que si nuestros gobernantes no fueran capaces de ponerse de acuerdo para librarnos del desastre del cambio climático, lo haremos nosotros mismos, los consumidores, primero, esperaremos a que termine la conferencia de Copenhague, dando así una vez mas nuestro voto de confianza a los políticos, cuando veamos los resultados al terminar la conferencia, DEJAREMOS DE COMPRAR PRODUCTOS FABRICADOS EN LOS PAÍSES QUE SE NIEGUEN A COLABORAR EFECTIVAMENTE PARA REDUCIR LA EMISIÓN DE CO2 Y OTROS GASES NOCIVOS A LA ATMÓSFERA. Si se venden menos productos fabricados por empresas que no respetan el medio ambiente, se contaminará menos, solo compraremos productos fabricados en países respetuosos con el medio ambiente.

From 7 to 18 December in Copenhagen (Denmark) 15th Conference of the Parties to the UN Convention on Climate Change (COP15)
We, citizens of the world, state that if our leaders fail to agree to avoid the disaster of climate change, we will do it ourselves.We, the consumers will wait, the end of the Copenhagen conference, once again giving our vote of confidence to politicians, and when we see the results following the conference, WE WIL STOP BUYING PRODUCTS MADE IN COUNTRIES WHICH REFUSE TO COOPERATE EFFECTIVE IN REDUCING CO2 EMISSIONS AND OTHER HARMFUL GASES INTO THE ATMOSPHERE. If not sold, not made with excessive emissions and pollute less, buy only products made in countries that respect the environment.

martes, 8 de diciembre de 2009

El día en que salvamos la Tierra. La cumbre de Copenhague


Henri Matisse, Joie de vivre 1905

India: punto de partida

- Emisiones. En 2006 (último año con datos), India superó a Japón, y se convirtió en el cuarto emisor de gases de efecto invernadero por detrás de China, Estados Unidos y Rusia. Sus 1.293 millones de toneladas anuales de CO2 representan el 4,4% mundial.
- Postura ante Copenhague. India, como China, quedó exenta de restringir sus emisiones en el protocolo de Kioto. Pero eso va a cambiar. El volumen de gases producidos hace que su colaboración sea indispensable para frenar el calentamiento, y el país está dispuesto a reducir el aumento (no a disminuir las emanaciones) en un 20% o 25% de lo que crecerían si no tomara medidas.
- Qué se juega. El país es todo un continente, y se enfrenta a todos los efectos del calentamiento: subida del nivel del mar en la costa, falta de agua en el sur y el centro, deshielo en las cumbres, hambrunas, inundaciones y olas de calor. Demasiados riesgos para un país con 300 millones de pobres.
Fuente: ELPAIS.com



sábado, 28 de noviembre de 2009

Leonardo DiCaprio. La última hora. The 11th hour.





Noche estrellada, Vincent Van Gogh


Si no abrimos el corazón al dolor de nuestro planeta, vamos a dejar que nuestras acciones lo destruyan. Tomemos conciencia para empezar a cambiar algo desde lo cotidiano. La tierra que se veía azul desde el espacio y ya no, es nuestra única casa.

Nos esperan tiempos difíciles, se ha roto el equilibrio entre la naturaleza y el hombre. Cada vez más hacemos oídos sordos a su pedido de ayuda . Esta película de DiCaprio nos dice que está en juego la extinción de la vida en la Tierra.

Somos como dice mi querida Katy, ciudadanos del mundo y es por eso que tenemos la responsabilidad de lo que está ocurriendo, y por las generaciones por venir tenemos la obligación de volver a dar sentido a la vida y comenzar la transformación de este sistema productivo y consumista, ya!

Soy conciente que lo que les propongo ver, a quien todavía no conoce la película, es extenso, pero está dividido en 9 partes de alrededor de 10 minutos cada uno, de esa manera se puede dosificar el tiempo que le dedicamos a conocer este problema que es asunto de todos.

The Last Hour 1 (Español sub)



The Last Hour 2 (Español sub)



The Last Hour 3 (Español sub)



The Last Hour 4 (Español sub)



The Last Hour 5 (Español sub)


 The Last Hour 6 (Español sub)



The Last Hour 7 (Español sub)


The Last Hour 8 (Español sub)


The Last Hour 9 (Español sub)


sábado, 22 de agosto de 2009

Calentamiento global

El cambio climático no se detiene, más aún, se intensifica. Es cierto que un área de selva tropical virgen del tamaño de un estadio de futbol desaparece cada 20 minutos. La humanidad se dirige, en la inercia de su desinterés hacia la desaparición de los glaciares. En tanto la preocupación aumenta debido a las emisiones de gases de efecto invernadero y el mundo científico se ocupa de estudiar el modo de reducirlos.


El 29 de agosto es el día del árbol, defendamos los bosques



La tremenda tasa de transformación de nuestros bosques nativos en el norte de Argentina para la ampliación de la superficie agrícola (en las mayoría de los casos para el monocultivo de soja transgénica) no tiene precedentes en la historia. De no mediar acciones inmediatas por parte del Estado Nacional y de las provincias involucradas, en poco tiempo más perderemos irremediablemente superficies importantes e irremplazables de nuestro patrimonio natural.
De los bosques no solo obtenemos una serie de bienes y servicios indispensables para nuestra supervivencia: alimentos vegetales y animales, maderas, medicamentos y muchos productos más. Los bosques juegan un papel fundamental en la regulación climática, el mantenimiento de las fuentes y caudales de agua y la conservación de los suelos. Por ello, las selvas y demás bosques son posiblemente el patrimonio natural más importante pero también el más amenazado y depredado por la mano del hombre.